Luisa puso un repasador dentro del canasto y fue acomodando uno a uno los frascos de mermelada de membrillo. Usaba bollos de papel de diario para separarlos entre sí. Cuando completó un piso, los cubrió con otro repasador y pasó al siguiente. Así hasta completar tres. Lo levantó con la mano derecha para sentir el peso. La llamó a Carolina. Lo tenés que llevar a Las acacias. Dáselo a Rosita, le dijo. Agarrá la bicicleta. El camino es fácil. Salís a la derecha y hacés dos kilómetros hasta el cruce. Vas a ver una entrada con pilares de ladrillo. Ahí tenés que tomar a la izquierda y dar una vuelta por un caminito que sale de ahí mismo. Es más fácil si cortás por ese lado. Hay que buscarlo un poco, pero te vas a dar cuenta. Hacés quinientos metros y salís al otro camino. A la derecha tenés que darle un poco más y ya vas a ver la hilera de plátanos de la entrada. Carolina asintió con un gesto, sin decir palabra. Fue hasta el galpón, dejó el canasto en el piso y tuvo que hacer fuerza con la...